DAVID FIGUEROA DÍAZ /
Continúo mostrando palabras, frases y expresiones del vocabulario del reporterismo de sucesos en Venezuela que, como se sabe, es amplio. A lo mejor es común en muchos paises de Sudamérica; pero me he centrado en las que se usan en mi país, para no herir susceptibilidades. La finalidad, ya lo he dicho varias veces, es aportar elementos para que los redactores de la fuente puedan aclarar sus dudas y librarse de esos vicios que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral. Por diversas vías he recibido muestras de agradecimiento, lo cual me indica que se ha cumplido el cometido.
Los casos que he mostrado, tanto en las tres entregas anteriores como en esta de hoy, son una muestra significativa de las situaciones viciadas más comunes que existen en esa importante faceta del periodismo, suficiente para que los diaristas puedan tomar conciencia y comenzar a llamar las cosas por su nombre, que es la obligación moral de toda persona que se precie de ser comunicador social, con el entendido de que es esencialmente un educador a distancia, lo cual sugiere que debe instruirse de manera regular.
Los vocablos femicidio y feminicidio son objeto de muchas dudas, y no es para menos. Por eso aquí les muestro la diferencia entre uno y otro. El primero es un delito autónomo (artículo 57 de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia por razones de sexo o desprecio por el mismo; en tanto que feminicidio se conceptualiza como la impunidad permitida por el Estado o la falta de protección de este tras un femicidio. Visto de esa manera, se puede deducir que la muerte de una mujer por las razones que se mencionan en este párrafo, es invariablemente un femicidio; lo que podría convertirlo en feminicidio no está en las razones por las que se produjo el hecho. Para que haya feminicidio, deberá haber femicidio.
Presidio y prisión (en Venezuela) son una fuente inagotable de dudas y de equívocos, por lo que es prudente aclarar que en el derecho penal de este país la diferencia fundamental radica en la severidad, las penas accesorias y el tipo de delito. Si alguien es condenado a presidio, significa que ha cometido un delito grave. Conlleva trabajo obligatorio y penas accesorias, como la interdicción civil; mientras que prisión es para delitos menos severos y no comporta la condena a penas accesorias. Ambos son penas corporales, según el código penal.
La duda sobre robo y hurto se resuelve muy fácilmente, pues solo basta saber que el primero ocurre cuando hay violencia; en tanto que el segundo se da cuando hay sigilo. Les recuerdo que no soy abogado, y que para la explicación de lo que tiene que ver con leyes, lo consulto con mi amigo Raimond Gutiérrez, que sí lo es, con una larga experiencia (no experticia), además de que es y ha sido profesor de pregrado y posgrado en varias universidades de prestigio, no por el nombre de estas, sino por la calidad de educación que imparten. Otras veces, las dudas me las aclara mi amigo y excompañero de bachillerato, Silvio Victorio Vergara Aguilar, también abogado y juez.
Entre los términos póstumo y posmortem también existe una diferencia que muy pocos saben distinguir. Ambos aluden a algo que sucederá o se llevará a cabo después de la muerte, solo que tienen usos diferentes. Si a alguien, luego de haber sido sepultado se le rendirá homenaje, será póstumo; en tanto que si el o los reconocimientos, ascensos u otra acción se llevan a cabo ante el féretro, la palabra adecuada es posmortem.
Cierro esta entrega con las palabras sexo y género, de las que he perdido la cuenta de las veces que las he comentado. Muy pocas son las personas que las usan de manera adecuada. Esas pocas personas han entendido la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera. Me complace saber que hay muchos periodistas y educadores que no tienen dudas al respecto; pero lamentablemente existe una gran cantidad que sigue con la cruz a cuesta. A ellos es necesario recalcarles que lo que determina si un ser vivo es macho o hembra, es el sexo, no el género. Género tienen las palabras y las cosas inanimadas.
Lo curioso es que entre los que usan la palabra género para referirse a la categoría biológica (sexo), lo hacen conscientes de que está mal empleada; pero se abstienen de usar la correcta porque, ante cualquier objeción, no tienen los argumentos para defenderse. A algunos les da vergüenza, dado que el vocablo sexo es usado frecuentemente para referirse al acto carnal. Entonces, por puritanismo u otra razón, se abstienen. Sin habérselo propuesto, han contribuido a que a la palabra género se la use con un significado que no tiene. ¡Sexo para los seres vivos, y género para las palabras y cosas inanimadas, y asunto arreglado!

